Un destino,
muchos rincones
por descubrir
Del casco histórico al cabo más salvaje del Mediterráneo

Pollença

Calles empedradas que suben hacia los 365 escalones del Calvari, plazas acogedoras que invitan al descanso y un mercado dominical que llena el pueblo de vida. Aquí late la esencia de la isla, con sus iglesias de piedra, talleres artesanos y terrazas donde el tiempo parece detenerse.

Puerto
Pollença

Un largo paseo bordeado de pinos junto a una bahía de aguas tranquilas, con la sierra de Tramuntana recortándose en el horizonte. Es el rincón más familiar del destino: playas de arena fina, deportes náuticos, restaurantes a pie de mar y atardeceres que tiñen la montaña de oro.

Cala
Sant Vicenç

Un pequeño paraíso formado por cuatro calas de agua turquesa, abrazadas por acantilados y pinares que llegan casi hasta la orilla. Un lugar perfecto para hacer snorkel, descubrir cuevas marinas y disfrutar de un ambiente tranquilo lejos de las rutas más concurridas.

Formentor

La península que cierra la isla por el norte regala una de las carreteras más espectaculares del Mediterráneo, miradores de vértigo y un faro en el fin del mundo. Su playa, escondida entre pinos sobre arena blanca, es uno de esos lugares que se recuerdan para siempre.