de vivir
Pollença
del mercado al atardecer en Formentor
Naturaleza y senderismo
Pollença se vive con las botas puestas. La Sierra de Tramuntana abre sus crestas a quienes buscan rutas inolvidables: desde el ascenso al Puig de Maria con vistas a 360º hasta el legendario GR-221, la ruta de piedra en seco. Caminos entre pinares, valles escondidos y miradores donde el Mediterráneo se vuelve eterno.
Playas y mar
Aguas turquesas, arena fina y calas que parecen pintadas a mano. Desde la familiar playa de Puerto Pollensa hasta los rincones más escondidos de Cala Sant Vicenç o la mítica Playa de Formentor, hay un mar distinto cada día. Snorkel entre cuevas, kayak al amanecer o un chapuzón antes del aperitivo: el agua siempre es protagonista.
Cultura y patrimonio
El alma de Pollença vive en sus piedras. Sube los 365 escalones del Calvari al atardecer, piérdete en el claustro de Santo Domingo o vibra con el Festival Internacional de Música, uno de los más antiguos de España. El mercado dominical, las galerías de arte y los talleres artesanos completan un viaje en el tiempo que enamora a cada visitante.
Gastronomía
La cocina mallorquina sabe a sol, a olivar centenario y a mar cercano. Disfruta de un arròs brut en una tasca de pueblo, deja que un chef te sorprenda con producto kilómetro cero en un restaurante con producto local o brinda con vinos de Pollença mientras cae la tarde. En Pollença, cada plato es también un paisaje.
Deportes y aventura
Cuna del cicloturismo internacional, Pollença reúne carreteras de leyenda, escuelas de escalada y rutas de kayak entre acantilados. Vela, paddle surf, espeleología o yoga al amanecer en la arena: aquí el cuerpo encuentra mil formas de moverse y la mente, todas las maneras posibles de desconectar.

















